LA MADRE

Genio benéfico, ángel de la guarda, ambiente puro y saludable, la madre rodea al hijo, lo ve, lo cuida, lo defiende por todas partes; delegada de Dios, la madre penetra a lo futuro; esa palidez amable impertinencia con que nos favorece cada día, todo es amor.
Su corazón es una fuente pura; bebamos en ella para crecer sanos y virtuosos; su alma es un divino espejo; mirémonos en él corregir nuestras deformidades. Si nos dejásemos alumbrar por ella, ¡cuán claro resplandeceríamos!. Si nos dejásemos inspirar por ella, ¡cuán recto caminaríamos!.
No hay madre que sea un sabio, cuando se trata de felicidad de su hijo; no hay madre que sea poderosa, cuando su hijo necesita protección; cada cual en su esfera, todas son eficaces; desde pobre desvalida que en una puerta de la calle tiene a su parvulito en brazos, hasta la señora coronada que anda mostrando a los pueblos el heredero del trono, todas viven y obran para su hijo; la una mira con ojos de hambre transeúnte compasivo que le echa un suelto en el regazo; ya tiene pan para su hijo; la otra se pasea pomposamente en el imperio derramando grandiosas caridades, ya tiene simpatías para su hijo.
L a madre para el hijo: ni el peligro la intimidad, ni el sacrificio es superior a sus fuerzas, ni su ruina la contiene, si va a salvarle y hacerle un nuevo bien.
Autor: Juan Montalvo
Ecuatoriano

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