EL LEÑADOR Y EL REY DE LAS AGUAS

“Ante el miedo e inseguridad de un enemigo poderoso, sólo aparentemente podemos sobreponernos y separa nuestro propio miedo e inseguridad”.
Güinter Wallraff
Cierta vez, un leñador cortaba leña cuando, sin querer, el hacha se cayó al río.
El Rey de las Aguas asomó la cabeza y preguntó:
¿Qué te pasa leñador?
He perdido mi hacha, dijo el buen hombre
El Rey de las aguas se sumergió en la profundidad del río.
Al salir llevaba entre sus manos un hacha de oro.
¿Esta es tu hacha?
No respondió el leñador.
El Rey de Agua se adentró de nuevo en el río y salió con un hacha de plata.
¿En ésta tú hacha?
Tampoco es la mía
Entonces, el Rey de las Aguas presentó al leñador su propia hacha de hierro.
¡Esta es la mía!
Como has sido sincero, le dijo el Rey de las Aguas, te regalo las tres hachas. Adiós, buen leñador.
El leñador se fue muy contento.
Por el camino encontró un campesino que trabajaba cerca del lugar y le contó lo ocurrido. El campesino pensó: “Yo también iré al río” y dejó caer su hacha.
¡Ay, ay, ay! Sollozaba. Sus quejas despertaron al Rey de las Aguas.
¿Por qué Lloras?
Porque mi hacha se ha caído al Rió.
El Rey de las Aguas le mostró un hacha de oro.
¿Es ésta tu hacha?
¿Sí, sí, es mi mía! Mintió el campesino.
¿Sabes que ocurrió?
Que por no decir la verdad, el Rey de las Aguas no le regaló ni el hacha de oro, ni la de plata, ni la de hierro.
Y el campesino regresó a su casa con las manos vacías.
Autor: Esopo

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