“DIME CON QUIEN ANDAS……?
May 15, 2009 | 0 Comentarios

No hay remedio, para bien o para mal, a uno se le pega con mucha facilidad lo bueno y lo malo, lo ofensivo y lo inofensivo de quien nos rodean. Por ejemplo no sé si a ustedes les suceda, pero cada vez que me topo con alguien de la querida Colombia, a poco rato estoy incluyendo el “Ave María Purísima” en mi léxico y hablando con ese tonito tan propio de ellos. Igual cosa sucede con gestos, actitudes y comportamientos de aquellos que frecuentamos, los términos copiando casi sin darnos cuenta. Hasta aquí ningún problema por lo general se trata de cosas inofensivas y pasajeras, pero, por desgracia, no todo los que se nos pega de los demás es así. Por eso es que las mamás hablan siempre de la “presión de grupo” y de lo grave que pueden ser las compañías. Por fortuna, el caso de los niños y jóvenes están sus progenitores a pie del caño evitando que sus polluelos se junten con quien no conviene. Pero al llegar a la adultez no hay quien nos haga ver la inconveniencia de ciertas relaciones y por ello terminamos metiendo la pata en más de una ocasión. En esta semana tuve la oportunidad dos situaciones ejemplarizantes de lo que puede ser una buena y mala compañía. Situaciones, que además, que son de público conocimiento. Comencemos por la buena, siempre es bueno ver lo positivo de las cosas. La inauguración del nuevo campo académico del prestigioso colegio Spellman de varones es motivo de esta reflexión. ¡Qué suerte la de esos chicos! Ir de la mano de un padre Antonio es garantía de la mejor de las compañías.
En cambio, que doloroso ver como relacionan las más altas autoridades del país que pesábamos estaban inspirados de un gran espíritu cristiano de respeto a los derechos de los demás. Es triste, pero real, quien con los lobos se junta aullar aprende. Todas aquellas buenas intenciones van quedando en la nada cuando las (fuerzas negativas que se pegan mucho más rápido que las positiva) lo convierten en clones de esas “malas compañías”. Lástima que con los años algunos no se hagan más sabios si no que terminan reafirmando su condición de necios.
Autora: Laura Jarrín.
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