FUTURO Y PLANIFICACIÓN

El hombre siempre ha sentido curiosidad por conocer lo que va a pasar mañana. El deseo de predecir el futuro parece ser constante en todas las civilizaciones. De allí la existencia de profetas, adivinos y brujos, encargados de “leer” los signos que revelan lo que vendrá.
Los griegos, por ejemplo, consultaban los oráculos, que eran pequeños templos regidos por algún Dios, construidos en lugares especiales, a los cuales se acudía a obtener respuestas sobre el destino de los hombres. Los romanos tenían sus adivinos, los cuales leían las entrañas de los pájaros para conocer lo que estaba por suceder. En otras culturas se escrutaban el movimiento de los astros u otros signos de la naturaleza que se creían podían revelar el futuro.
La credibilidad que puede otorgársele a estos “profesionales de promoción” es, sin embargo, bastante poca. Curiosamente, estos adivinos suelen reproducirse con mayor virulencia en los momentos de crisis económica o social. El hecho de que sea precisamente en los momentos más difíciles cuando proliferan los supuestos conocedores de los arcanos del destino, tiene mucho que ver con la necesidad de seguridad que es natural al ser humano. Cuando sentimos que el presente es crítico y difícil, tenemos la tendencia a mirar esperanzadoramente hacia el futuro, en la creencia que la garantía de un futuro mejor nos ayudará a sobrellevar las dificultades del presente.
Autora: J. T.

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