DE ANGELITOS A SERES SEXUADOS
Sep 08, 2009 | 0 Comentarios

Hasta antes de nuestro siglo, ¿habría sido posible tan sólo pensar, no se siga afirmar, que los niños poseen sexualidad, es decir deseos, fantasías y experiencias placenteras? El pensamiento de Sigmund Freud provocó un profundo cambio. La consistencia conceptual de sus afirmaciones le salvaron de la condena oficial. Al hablar de la sexualidad infantil, devolvió a niñas y niños su carácter de seres humanos con deseos, pasiones, amores y odios. Los sacó del cielo y de la categoría de los ángeles, en donde les había encerrado una tradicón filosofía y religiosa, y los colocó en su verdadero lugar.
¿Por qué se dio esta angelización de los niños? Por los tradicionales valores de una arraigada tradición en ela cultura occidental.
En primer lugar, la sexualidad está destinada de manera prácticamente exclusiva a la procreación. La sexualidad se refiere, en la practica, tan solo a la genitalidad, al conjunto de órganos internos y externos que permiten que una mujer sea mamá y que un varón fecunde a na mujer. La sexualidad equivale, pues, a relaciónes sexuales, es decir, a la unión corporal de una mujer con un barón.
Se condena la búsqueda del placer y al placer mismo en la relación amorosa. De modo particular para la mujer, le está vendado el gozo de la sexualidad y llega hacer pecaminoso cuando pone en juego su deseo y su iniciativa. En consecuencia, a la mujer le corresponde ofrecerse y someterse al deseo y al placer de su esposo, como una obligación adquirida por el matrimonio. Porque está prohibido, el placer es el elemento que transforma en tabú la sexualidad ya que existen multitudes formas de obtener placer en lo sexual. El cuerpo es bueno en tanto en el se oculten sus referencias a lo sexual y no sea tomado el lugar del placer y del goce. Finalmente, la sexualidad es mala: por su causa ingresa el mal en el mundo, es decir, el pecado. Y desde lo mítido de los orígenes, el mal y la sexualidad se unen de tal manera en la mujer que transforman en el símbolo de lo sexual, del placer y del mal.
Con estos principios, ¿Cómo no excluir a los niños del mundo de la sexualidad? A ellos se revistió de inocencia absoluta, se los transformó en seres asexuados, en modelos de pureza, en seres carentes de deseos y placeres.