¿QUÉ IMPORTA MÁS?

Todos los padres intentan realizar un buen trabajo como tales. Aman a sus hijos y desean darles lo mejor, pero su crianza no solamente involucra dedicación sino también tiempo. Trabajo constante apoyo.
Hoy en día los modelos de vida familiar son dramáticamente diferentes de aquellos en años previos. En el pasado, la sociedad era considerada una aliada, un recurso. Las personas se sienten apoyadas por modelos positivos dentro de la comunidad y los medios ayudaban a mantener los matrimonios y a construir familias saludables. El éxito era tan solo un asunto del diario vivir, no la vida misma. En la actualidad, estamos constantemente tratando de navegar en medio de un ambiente familiar turbulento y nada amistoso. Como padres, es difícil no salirse de la ruta adecuada. Así lo analiza Stphen R. Covey, autor de numerosos “bestsellers” sobre el tema.
Recordemos que estas últimas tres décadas el porcentaje de familias constituidas por un solo progenitor (padre o madre), se ha duplicado; la tasa de divorcios es más que el doble y un alto número de adolescentes han contraído enfermedades y transmisión sexual antes de graduarse de la secundaria; amantes del deterioro permanente de la calidad educativa.
Si en los años cincuenta los problemas disciplinarios radicaban, según los maestros, en comer chile en clase, en hacer ruido en el aula, conversar mientras el maestro dicta su materia, correr por los pasillos, no cumplir los reglamentos del uniforme o botar papeles fuera del tacho, en los años noventa los problemas disciplinarios constituyen el abuso del alcohol, la droga, los embarazos, el suicidio. El robo y el asalto.
Por otro lado, en la actualidad pocos son los hogares en los que una madre o un padre esperan la llegada de sus hijos de la escuela o el colegio. La gran mayoría de padres considera que su trabajo es mucho más complicado en el mundo de hoy que en el pasado. Además, las madres deben trabajar fuera del hogar debido a las difíciles condiciones económicas y se ven muchas veces en la necesidad de sacrificar su valioso tiempo con los hijos para darles mejores condiciones de la vida. Existen también factores externos que han ido minando los esfuerzos que hacen los padres por educar a sus hijos de la manera posible. Se trata del abuso de las drogas y el alcohol, el sexo y la violencia que tiene en la televisión y el cine sus mejores vitrinas, así como el deterioro general de la educación. Claramente, el deseo de forma una familia sólida no es suficiente, necesitamos adoptar cambios positivos de mente y comportamiento en las relaciones con nuestros hijos. Para que los padres puedan enfrentar a las poderosas fuerzas sociales (droga, licor, violencia, pornografía) y a la turbulencia interna (enfermedades, divorcios, dificultades financieras), será necesario establecer ciertas reglas esenciales que lleven a desarrollar hábitos para así conseguir una formación sólida de nuestros hijos
Autora: J. T.

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